lunes, 26 de octubre de 2009
Citar a los clásicos
El buen profesor adiestró a sus alumnos en el arte de la referencia. No del adorno en el epígrafe ni del pie de página inútil. Sí de la alusión exacta, del homenaje a los autores, de la concordancia y la intertextualidad. Al fin de cursos lo nombraron padrino de la generación egresada. No asistió a la ceremonia, llegó a la fiesta tarde y algo borracho. Ni entonces olvidó la precisión para citar. Mientras bailaba con la más bella alumna le dijo al oído: –vámonos de aquí. –¿A dónde, profesor? ¬–Pss “donde nadie nos juzgue”.
viernes, 28 de noviembre de 2008
Los consuelos en la crisis
Martes negro
Aún no quebraba la mañana, pero ya despuntaba el antojo de unas cervezas con botana. Enrique y yo terminamos de grabar nuestro programa de radio y planeábamos a dónde dirigirnos para el nutritivo refresco. Entonces entró el poeta campesino tambaleándose con los signos propios de una francachela prolongada. –¿Y d’ay, pues, poeta, por qué tan bolo a estas horas? –Es que cayó la bolsa–, respondió. –Y a ti que chingaos te importa, si no tenés bolsa ni de mandado. –Pero tengo un amigo rico que perdió un chingo de paga y desde el martes andamos echando trago.
Ni cuando la higuera reverdezca
A petición del escaso público (no suma los cien lectores aún) de este blog. Van nuevas entradas, que las hay en el congelador. Esta, del Chato Gutiérrez, alude a la imposible santidad del perpetrador de este rincón de narradores breves.
La beatitud de Carlos
Imágenes para vidas ejemplares. Párvulo adorador nocturno de san Tarsicio, promotor tenaz de san Estanislao de Kostka, distribuidor sin costo en vecindades de listones y candados en honor de san Ramón Nonato. Adolescente aún, luego de setentaidós horas de lúcida embriaguez, sanó cegueras, anacusias y disfemias de centenares tocados por el bálsamo de su preclara palabra. Cobró fama su apotegma: a humilde nadie me gana. Televisa llevó la representación del víacrucis de su barrio, Iztapalapa, a la plaza de san Pedro para promover su canonización. Inmutable, el consejo revisor falló: santo no… será beato… beato Carlos.
martes, 7 de octubre de 2008
De banquetes
Espíritu navideño
domingo, 5 de octubre de 2008
Damnificado
Las grandes aguas de septiembre causaron estragos.
La vorágine
Llegaste sin aviso. Como una tormenta inesperada e intempestiva. Apenas sentí el agua y el aire en una breve ráfaga veloz. De golpe, sin darme cuenta, estaba en el ojo del huracán. Tal era la quietud. Y de pronto comencé a sentir el azote del viento contra mis frágiles escolleras. La angustia. Ahora tiemblo como una hoja. Las primeras gotas gruesas de lluvia me mojan el rostro. Los truenos anuncian la inminencia de la tempestad y tu silueta se recorta momentáneamente a la luz de los rayos. No tengo asidero. No sé en qué playa naufragaré si sobrevivo.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
Pepín Pariente, contador de cuentos
Madre previsora
La Noi, nana de mi mamá, parte de la familia hasta su fallecimiento, aunque ya no viviera con nosotros y radicara en su pueblo natal.
Un día que la fuimos a visitar, mi madre la encontró contrariada y llorando, trató de calmarla y de conocer las causas de aquél estado de ánimo.
–Los hijos son unos ingratos, comadrita – le dijo la Noi a mi madre.
–Me han salido muy malos, no cuidan de sus mujeres e hijos y mucho menos se acuerdan de mí y eso que yo… ¡le di un padre distinto a cada uno de ellos!
Uno que me contó Carlos Navarrete
Muerte doble
–Viejita, no me matés, exhaló el Mayor al sentir el primer golpe de la tranca en las costillas. Convenientemente escondido bajo la cama, le hacia la faena a una mocita del servicio que recibió un cachuco de plata por el cumplimiento de esa febril tarea. –Ay viejita, no me matés, repitió entre jadeos, mientras
viernes, 5 de septiembre de 2008
El primero rimado
Cien
a las musas negligentes,
veleidosas por ausentes,
con asaz porfía concito.
Por el curso meandrinoso
del vocablo computado,
mi discurso farragoso
procura significado.
Asumiendo en tono franco,
el reto y provocación,
ya quiere medir el tranco,
al que avanza su bridón.
A conferirle sentido,
a esta vertiente rimada,
que será calificada,
en sínodo distinguido.
Hoy a sus mercedes pido
ancha manga al auditar,
teniendo por bien sabido
-aunque acostumbro rimar.
Si me persiguen guarismos,
me tendré que acostumbrar,
a pergeñar silogismos
escamoteando al azar,
ya la extensión, ya el sentido
o el ansia por acabar…
Las andanzas de Arenas
El porvenir irrevocable
Cuando su joven novia resultó embarazada, huyó hacia La Laguna, laberinto de mil ejidos. Ella no sabía leer ni de geografía, pero era tenaz. Preguntó que camión la llevaba. Lo abordó sin saber dónde bajaría. Dormida, pasó Torreón. Despertó en Lerdo y preguntó: –Aquí es La Laguna–, ante la afirmación buscó al azar un taxi. Inquirió al chofer: –¿Conoce usted a Manuel Arenas?. –Tiene suerte, vive en un ejido lejano, pero los sábados lo llevo desde el putero. Al mirarla llegar a su escondite con el niño en brazos, supo que de ella nunca más podría escapar.
jueves, 4 de septiembre de 2008
Uno de Herrera
Que nadie duerma
Mi padre tenía un amigo cantante de ópera. De vez en vez ensayaban sus arias favoritas Recóndita Armonia, E lucevan le Stelle, Come un bel di di magio y las imágenes de los héroes mayores -Caruso, Jussi Bjöerling, Beniamino Gigli y Tito Schipa- presidían las aproximaciones al misterio. No era extraño que cantaran Nessun Dorma a deshoras y con más tequila que el reglamentario para aclarar la garganta y hacer presentes los versos. Los vecinos molestos y quizá ignorantes de la trama de Turandot, cumplían obedientes el imperativo de no dormir. La noche necia y la esperanza…
El poder de la palabra
El método del discurso
La vio caminar sobre la acera. Las nalgas perfectas bamboleándose al ritmo vespertino. Pero, ¡oh!, pertenecía al género de las hembras imposibles. Sólo hay un modo, pensó, de aproximarse: el discurso perfecto, la seducción por la palabra. Articuló en segundos un largo, bello e incontestable argumento; ninguna, ni la hermosa que avanzaba hacia el poniente podría resistirse. El semáforo se puso en verde. Había el tiempo exacto para adelantarla en el abordaje. Cuando la tuvo a mano, su florida verba se desvaneció ante la imprevista belleza del rostro deseado; entonces, sólo alcanzó a decir: –¡cohabitemos, pues!