Martes negro
Aún no quebraba la mañana, pero ya despuntaba el antojo de unas cervezas con botana. Enrique y yo terminamos de grabar nuestro programa de radio y planeábamos a dónde dirigirnos para el nutritivo refresco. Entonces entró el poeta campesino tambaleándose con los signos propios de una francachela prolongada. –¿Y d’ay, pues, poeta, por qué tan bolo a estas horas? –Es que cayó la bolsa–, respondió. –Y a ti que chingaos te importa, si no tenés bolsa ni de mandado. –Pero tengo un amigo rico que perdió un chingo de paga y desde el martes andamos echando trago.