martes, 7 de octubre de 2008

De banquetes

Otro de José Antonio Ramírez Deleón, que involuntariamente nos recuerda el asco de ciertas fiestas.

Espíritu navideño

Por el jardín de la casa paseaba despreocupado, como engullendo granos invisibles a cada paso, y ajeno al destino que diciembre le deparaba. Más que guajolote parecía perro manso, confiado a las caricias de cualquier persona. Previo a la cena navideña, mi madre, con la frialdad propia de un nazi de Auswitchz, tomó al ave colgándola patas arriba, mientras la degollaba de un solo tajo con filoso cuchillo. Al ver al pavo esa noche en la mesa, vomité escandalosamente mis ocho años completos sobre la suculenta cena. Los huevos revueltos son, desde entonces, mi único alimento en Nochebuena.

domingo, 5 de octubre de 2008

Damnificado

Las grandes aguas de septiembre causaron estragos.


La vorágine

Llegaste sin aviso. Como una tormenta inesperada e intempestiva. Apenas sentí el agua y el aire en una breve ráfaga veloz. De golpe, sin darme cuenta, estaba en el ojo del huracán. Tal era la quietud. Y de pronto comencé a sentir el azote del viento contra mis frágiles escolleras. La angustia. Ahora tiemblo como una hoja. Las primeras gotas gruesas de lluvia me mojan el rostro. Los truenos anuncian la inminencia de la tempestad y tu silueta se recorta momentáneamente a la luz de los rayos. No tengo asidero. No sé en qué playa naufragaré si sobrevivo.