domingo, 5 de octubre de 2008

Damnificado

Las grandes aguas de septiembre causaron estragos.


La vorágine

Llegaste sin aviso. Como una tormenta inesperada e intempestiva. Apenas sentí el agua y el aire en una breve ráfaga veloz. De golpe, sin darme cuenta, estaba en el ojo del huracán. Tal era la quietud. Y de pronto comencé a sentir el azote del viento contra mis frágiles escolleras. La angustia. Ahora tiemblo como una hoja. Las primeras gotas gruesas de lluvia me mojan el rostro. Los truenos anuncian la inminencia de la tempestad y tu silueta se recorta momentáneamente a la luz de los rayos. No tengo asidero. No sé en qué playa naufragaré si sobrevivo.

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