viernes, 28 de noviembre de 2008

Los consuelos en la crisis

El poeta de nombre impronunciable recordó esta anécdota que conmemora otros días de crisis y la fórmula que, si no remedia, si alivia sus efectos.


Martes negro

Aún no quebraba la mañana, pero ya despuntaba el antojo de unas cervezas con botana. Enrique y yo terminamos de grabar nuestro programa de radio y planeábamos a dónde dirigirnos para el nutritivo refresco. Entonces entró el poeta campesino tambaleándose con los signos propios de una francachela prolongada. –¿Y d’ay, pues, poeta, por qué tan bolo a estas horas? –Es que cayó la bolsa–, respondió. –Y a ti que chingaos te importa, si no tenés bolsa ni de mandado. –Pero tengo un amigo rico que perdió un chingo de paga y desde el martes andamos echando trago.

Ni cuando la higuera reverdezca

A petición del escaso público (no suma los cien lectores aún) de este blog. Van nuevas entradas, que las hay en el congelador. Esta, del Chato Gutiérrez, alude a la imposible santidad del perpetrador de este rincón de narradores breves.


La beatitud de Carlos

Imágenes para vidas ejemplares. Párvulo adorador nocturno de san Tarsicio, promotor tenaz de san Estanislao de Kostka, distribuidor sin costo en vecindades de listones y candados en honor de san Ramón Nonato. Adolescente aún, luego de setentaidós horas de lúcida embriaguez, sanó cegueras, anacusias y disfemias de centenares tocados por el bálsamo de su preclara palabra. Cobró fama su apotegma: a humilde nadie me gana. Televisa llevó la representación del víacrucis de su barrio, Iztapalapa, a la plaza de san Pedro para promover su canonización. Inmutable, el consejo revisor falló: santo no… será beato… beato Carlos.