viernes, 28 de noviembre de 2008

Ni cuando la higuera reverdezca

A petición del escaso público (no suma los cien lectores aún) de este blog. Van nuevas entradas, que las hay en el congelador. Esta, del Chato Gutiérrez, alude a la imposible santidad del perpetrador de este rincón de narradores breves.


La beatitud de Carlos

Imágenes para vidas ejemplares. Párvulo adorador nocturno de san Tarsicio, promotor tenaz de san Estanislao de Kostka, distribuidor sin costo en vecindades de listones y candados en honor de san Ramón Nonato. Adolescente aún, luego de setentaidós horas de lúcida embriaguez, sanó cegueras, anacusias y disfemias de centenares tocados por el bálsamo de su preclara palabra. Cobró fama su apotegma: a humilde nadie me gana. Televisa llevó la representación del víacrucis de su barrio, Iztapalapa, a la plaza de san Pedro para promover su canonización. Inmutable, el consejo revisor falló: santo no… será beato… beato Carlos.

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